Casa Real: 100 años de fuego, tierra y vino

En 1925, mientras Bolivia celebraba su primer centenario de vida republicana, en los valles de Cinti —al sur de Chuquisaca— nacía otra historia destinada a perdurar: Julio Ortiz Linares, pionero de la destilación en el país, comenzaba a forjar un legado familiar que hoy cumple cien años y se proyecta con más fuerza que nunca. Lo que comenzó como una búsqueda por modernizar el arte de la destilación y la vitivinicultura, ha evolucionado en una de las historias empresariales más emblemáticas de Bolivia: la de la familia Granier Ortiz, creadora de Casa Real, Don Lucho y Campos de Solana.

Ese legado, construido a lo largo de cuatro generaciones con pasión, innovación y compromiso, ha dejado huella en cada etapa del desarrollo vitivinícola nacional. Fue en 1975 cuando Luis Granier Ballivián —“Don Lucho”—, yerno de Julio Ortiz, fundó la Sociedad Agroindustrial del Valle (SAIV) en Tarija, introduciendo tecnologías como el riego por goteo e iniciando el cultivo de uvas en Santa Ana, un terreno entonces árido que él transformó en viñedo.

Seis años más tarde, en 1981, nacía Casa Real, con sus tres etiquetas clásicas: Negra, Roja y Azul. A partir de ahí, la tradición no hizo más que crecer, guiada por una visión que nunca perdió de vista la excelencia. La tercera generación —Fernando, Luis y Carmen Granier Ortiz— perfeccionó el proceso con alambiques tipo Charentaise traídos desde Cognac, Francia, y amplió el portafolio con marcas como Don Lucho Pionero y el lanzamiento de la bodega Campos de Solana, en 2000.

La historia siguió escalando a nuevos mercados y formatos. En 2014, gracias al impulso del cineasta Steven Soderbergh, el singani boliviano cruzó fronteras bajo la marca Singani 63. Luego vinieron productos emblemáticos como Don Lucho de Oro, Gran Reserva Esther Ortiz —un homenaje a la figura silenciosa pero esencial de la familia— y Principia, la nueva etiqueta premium que busca posicionar al vino boliviano en mercados internacionales.

Hoy, en 2025, y mientras Bolivia celebra sus 200 años de independencia, la cuarta generación —representada por Luis Pablo, María Cecilia y Nicolás Granier Castellanos— continúa esta historia con nuevos desafíos: expansión, calidad y diversificación. A su portafolio se han sumado también otras categorías como Gin Flamboyant y Ron 37 Lenguas, sin perder de vista los valores fundacionales que han guiado a esta familia: respeto por la tierra, compromiso con la calidad, y la profunda convicción de que cada botella cuenta una historia.

Un centenario con sabor a hogar

Como parte de las celebraciones por su centenario, la familia Granier abre un nuevo capítulo: el restaurante “José Luis”, un espacio de fuego, vino y memoria ubicado en la finca Los Cipreses, en el corazón del valle de Santa Ana. Nacido del sueño de Don Luis Granier, este lugar busca compartir lo mejor de Tarija desde la esencia misma de la cocina tradicional: el fuego.

Diseñado por el reconocido arquitecto argentino Mario Yanzón —autor de bodegas icónicas como Rutini y Garzón—, el restaurante fue concebido para abrazar el paisaje y convertirlo en parte integral de la experiencia. “José Luis” ofrecerá menús degustación maridados con vinos de la casa y platos de autor inspirados en el producto local, preparados con una técnica que transforma sin disfrazar, que respeta los sabores de origen y los realza con tiempo y dedicación.

“Este espacio no solo rinde homenaje a nuestro legado; es también una invitación a compartirlo”, comenta Luis Pablo Granier, Gerente General de D&M. “Queremos que cada persona que nos visite sienta este lugar como su propio hogar”.

Así, Casa Real no solo celebra 100 años de historia. Celebra una forma de vivir, de crear y de agradecer. Una mesa larga, encendida por el fuego de la tradición, donde se sirve identidad, sabor y memoria.

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