La búsqueda de alternativas energéticas menos contaminantes y más sostenibles llevó a un grupo de profesionales bolivianos a concebir AlgaPower Solution, una startup que apuesta por la producción de biodiésel a partir de microalgas. La iniciativa nació en un aula de maestría en Biotecnología Agrícola, cuando una discusión académica sobre la dependencia del país en combustibles fósiles abrió la posibilidad de pensar en una fuente energética innovadora, no competitiva con los cultivos convencionales y respetuosa con el medio ambiente. “Vimos la necesidad de dar una respuesta a la falta de combustibles en Bolivia, pero queríamos una alternativa mejor, que no incentive la deforestación ni compita con cultivos como la soya o la caña. Así surgió la idea de apostar por las microalgas como base para producir biodiésel”, explican desde el equipo.
La propuesta se diferencia claramente de los biocombustibles tradicionales. Mientras cultivos como la soya o la caña de azúcar requieren grandes extensiones de tierra agrícola y generan rendimientos bajos, las microalgas destacan por su alto potencial biotecnológico. El rendimiento de aceites por hectárea, según estudios, alcanza los 5.000 litros anuales, en contraste con los 50 a 200 litros que producen los cultivos convencionales. Además, las microalgas pueden crecer en aguas residuales o saladas y sus residuos pueden aprovecharse en biorrefinerías para generar otros productos valiosos, reduciendo costos y aumentando la sostenibilidad del proceso.
Como ocurre con muchas tecnologías emergentes, la transición del laboratorio al mercado representa grandes retos. En el caso de la startup, los principales cuellos de botella están en la escalabilidad y la infraestructura. “Faltan experiencias locales en producción masiva de microalgas y tecnologías adaptadas que garanticen eficiencia y seguridad. Para avanzar necesitamos mayor inversión en equipos, infraestructura y recursos que permitan adaptar el sistema a las condiciones de producción en Bolivia”, explican los fundadores.
La implementación de esta tecnología tendría efectos transformadores en la matriz energética boliviana. A mediano plazo, permitiría reducir las importaciones de diésel, crear empleos y diversificar la economía. A largo plazo, abriría el camino hacia la soberanía energética, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la consolidación de una industria biotecnológica innovadora en el país. “Creemos que Bolivia podría posicionarse como un referente regional en energías alternativas renovables, impulsando la investigación científica y la transferencia de conocimiento. AlgaPower no es solo un proyecto productivo, es una visión de futuro”, enfatiza el equipo.
Esa visión se fortalece gracias a que actualmente la startup participa en el programa de preaceleración de Santa Cruz Innova, la agencia de innovación de CAINCO, que cuenta con el apoyo del Emprende Verde Bolivia, financiado por la Unión Europea en el marco de su agenda de inversiones Global Gateway.
Esta experiencia ha significado para los fundadores un espacio clave de aprendizaje, conexión y acompañamiento, que les permite proyectar su iniciativa a nuevos niveles de desarrollo y sostenibilidad.
De cara al futuro, la startup sueña con un modelo de bioeconomía circular que contribuya a mitigar el cambio climático y a mejorar el uso de los recursos hídricos del país. “Nos imaginamos a Bolivia con una bioenergía sustentable, capaz de absorber dióxido de carbono y aprovechar aguas residuales para el cultivo de microalgas, sin competir con cultivos convencionales. Queremos que AlgaPower se convierta en un salto cualitativo para el desarrollo biotecnológico de Bolivia, aportando soluciones limpias, eficientes y responsables con el medio ambiente”, concluyen.